Voz desde el celular
Pulsar para hablar o manos libres. Respuestas habladas en streaming, con 45 voces en español para elegir, volumen y audio en segundo plano.
Claude Code, por voz y en equipo
Claudio te escucha, le pasa el pedido a un orquestador de Claude Code y ese orquestador reparte el trabajo entre su equipo: backend, frontend, tester, investigador. Cuando terminan, te avisa por voz.
Tres pasos, sin teclado. Mantenés apretado el micrófono, hablás y soltás.
La app del celular reconoce tu voz y manda el pedido al servidor de Claudio, que corre en tu propia máquina. Si le hablás mientras responde, se calla y te escucha.
Una sesión de Claude Code hace de coordinadora: te contesta corto y le pasa lo largo a su equipo, con un encargo claro, sus archivos y cuándo está listo.
Cada sesión cuenta qué está haciendo. Cuando algo termina, Claudio te lo dice en voz alta y con botones de respuesta rápida para seguir.
Una sola app, la misma en la PC y en el celular, y un servidor chico que une todo.
Pulsar para hablar o manos libres. Respuestas habladas en streaming, con 45 voces en español para elegir, volumen y audio en segundo plano.
Una sesión coordina y otras trabajan: backend, frontend, artista, tester e investigador, cada una con su rol, su modelo y sus archivos. Un archivo, un dueño.
Orquestador para el trabajo en equipo, Chat para una charla aparte con respuesta token a token, Codex dentro de su sandbox y Eco para probar el micrófono.
Elegís en qué repositorio se trabaja y todos los destinos van ahí. El orquestador cambia de carpeta, no de conversación.
El orquestador arriba y su equipo debajo, con la situación de cada sesión, su tarea y cuánto contexto le queda. Los equipos de las otras máquinas, como una foto con su hora.
La cabecera muestra el uso de la suscripción y el contexto de cada sesión. Un panel cuenta qué hace cada una, en vivo.
Un visor de Markdown con diagramas para la documentación, los planes y lo que publica el orquestador, que también aparece como tarjeta en el chat.
Mandás imágenes, PDF o texto en el mensaje. Cada chat guarda su historial y, si se corta la conexión, la respuesta se retoma donde quedó.
Una base propia con búsqueda por significado guarda documentación, memorias y charlas. Los embeddings se calculan en la máquina, sin mandar nada afuera.
Encargos, informes, dudas y bloqueos con id, estado y prioridad, y una cola de tareas por rol que cada sesión toma cuando queda libre.
El trabajo se lleva en Linear: cada encargo nombra su tarea, y tomar o terminar una tarea ya le avisa al orquestador.
Un solo comando para todo: esperar y responder, avisar, reportar al panel, mandar mensajes, armar el tablero de sesiones en la terminal y revisar la máquina.
Arriba de la conversación hay alguien que escucha, piensa y habla con vos. Se elige en Configuración → Personajes, con favoritos.
Robot, gato, mecha y tele retro, dibujados con letras. Mueven la boca al hablar y muestran seis emociones en los ojos, la boca y el color.

Un núcleo de energía con una red de nodos y sinapsis, al estilo de un asistente de película. Reacciona a la voz y a las emociones, y se dibuja en el momento: no baja nada.

Un robot, un astronauta y un dragoncito de jade con la cara LED dibujada por código, que parpadean y gesticulan mientras hablan.

Un catálogo de personajes 3D gratuitos que se bajan al tocarlos, verificados y con tope de tamaño.
El artista del equipo genera las imágenes, los clips y los modelos 3D de los personajes con Higgsfield. Gastar créditos siempre lo aprueba la persona, escribiéndolo en la ventana del que genera: nadie más puede dar ese sí.

Cada máquina corre su propio Claudio, con su orquestador y su estado. Se hablan entre ellas con mensajes firmados.
Cada par se empareja una vez sin que la clave se muestre nunca. Los mensajes van firmados, con reintentos, y lo que llega de otra máquina sólo lo recibe su orquestador.
Para lo que viene, un gateway con colas persistentes: preguntas con plazo de respuesta, avisos si nadie contesta y el mismo formato de mensajes.
Decile qué necesitás y dejá que el equipo trabaje.
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